Don Gregorio Weinberg, editor de la patria.
En el siglo XIX se inventó la patria. Hace exactamente doscientos años se expulsaba al invasor inglés sentando los prolegómenos de la libertad. Pocos años después se sucedían los acontecimientos de Mayo y las guerras de la independencia definitiva del Reino de España. A los tumbos la patria echaba a andar hasta llegar a su definitiva consolidación atravesando infatigables luchas intestinas. Protagonistas y observadores ajenos fueron dejando sus testimonios en memorias y apuntes de viaje que se transformaron luego en libros insoslayables para entender tan rico e intrincado proceso. No fueron pocos los soldados transformados en historiadores y a veces en poetas o quizás, poetas y escritores transformados en soldados, que fueron dejando su huella en infinidad de libros. Así –conscientes de lo que estaban haciendo para las futuras generaciones- nos legaron un riquísimo corpus bibliográfico que no ha perdido vigencia.
Cuando aún resonaban los ecos del centenario, algunos destacados estudiosos conscientes de la importancia de este legado, pusieron su entusiasmo, su talento y en algunos casos su fortuna, para poner en marcha proyectos editoriales ambiciosos y abarcadores que llevaran todo ese bagaje bibliográfico al gran público en forma ordenada y accesible.
El primer gran intento editorial lo encontramos en José Ingenieros y su famosa colección “La Cultura Argentina”. Médico, sociólogo, psicólogo, ensayista y funcionario, Ingenieros lanza a partir de 1915, una vastísima colección de obras de la cultura vernácula en ediciones populares y de grandes tiradas. Se podría decir que con él nace la figura del “editor” con identidad propia que elige los textos y crea colecciones, dejando atrás la figura del “editor-impresor” del siglo XIX. Casi simultáneamente el escritor, historiador y poeta tucumano don Ricardo Rojas dirige otra importante colección que llamó “Biblioteca Argentina” publicada por la librería La Facultad. Más adelante harían lo propio don Alberto Palcos con su colección “Grandes Escritores Argentinos” de la editorial Jackson y don Julio Noé con los “Clásicos Argentinos” de la editorial Estrada.
Pero hoy queremos recordar a otro intelectual, escritor, investigador y por sobretodo gran humanista fallecido hace poco más de un mes, el 18 de abril pasado a los 86 años: don Gregorio Weinberg. Nacido en 1919, maestro de generaciones don Gregorio fue entre otras cosas, doctor Honoris Causa de la Universidad de Buenos Aires, Profesor Honorario de la Facultad de Filosofía y Letras, en la que fue profesor titular del Pensamiento Argentino y Latinoamericano y de Historia de la Educación Argentina y Latinoamericana. Director del Centro de Documentación Internacional (Proyecto conjunto argentino / UNESCO), Director de la Biblioteca Nacional, Director y Vicepresidente del CONICET, miembro del Consejo para la Consolidación de la Democracia y de la Comisión Internacional encargada por la UNESCO para preparar la edición de la Historia Científica y Cultural de la Humanidad y de la Historia General de América Latina. Fue autor de importantes obras sobre temas históricos y educativos como El descontento y la promesa; Mariano Fragueiro, un pensador olvidado; Modelos educativos en la historia de América Latina; La ciencia y la idea de progreso en América, etc. Su labor mereció importantes premios y condecoraciones como el Primer premio Municipal de literatura de la ciudad de Buenos Aires, género ensayo; Premio Nacional de literatura en el mismo género; Iones de brillante; Consagración nacional, Orden de las Artes y las Letras por el gobierno de Francia, Medalla Aristóteles por la UNESCO, etc.
Toda esta enorme actividad intelectual no le impidió desarrollar una importantísima actividad editorial, creando y dirigiendo colecciones como “El pasado argentino” para la editorial Hachette con sus inconfundibles tapas azules y blancas donde aparecieron desde el Viaje a caballo por la provincias argentinas de William Mac Cann traducido por José Luis Busaniche y la Descripción de la patagonia y de las partes contiguas de la América del Sud de Thomas Falkner traducido por Samuel Lafone Quevedo, hasta Cosas de negros de Vicente Rossi, uno de los primeros libros sobre la negritud en el Río de la Plata y El gaucho de Emilio Coni con un estudio preliminar de Beatriz Bosch. Los viajes de J.A.B. Beaumont, Woodbine Hinchliff, John Miers, George Musters, y el Perito Moreno. Textos inolvidables de Sarmiento, Alberdi, Eduardo Holmberg, Eduardo Gutiérrez, Joaquín V. González, Bartolomé Mitre y Martiniano Leguizamón. Manuales que se hicieron clásicos como la “Historia Argentina” y las “Estampas del pasado” de José Luis Busaniche. No faltaron en su colección las obras de Estanislao Zeballos: “Callvucurá y la dinastía de los piedra”, “Painé y la dinastía de los zorros”, “Relmú, reina de los pinares”, “La conquista de quince mil leguas” y el “Viaje al país de los araucanos”. Años más tarde, la colección pasó a llamarse “Dimensión argentina” con el sello Solar-Hachette, luego Ediciones Solar y continuó con los viejos títulos más nuevas incorporaciones como “La pampa argentina” de Romain Gaignard y “La valorización del país” de Pierre Denis hasta el magnífico ensayo de Josefa Emilia Sabor: “Pedro de Angelis y los orígenes de la bibliografía argentina”.
Trabajador incansable, vehemente y apasionado, don Gregorio continuó hasta sus últimos días dirigiendo su tercera colección: “Nueva Dimensión Argentina” con el sello de la editorial Taurus, con renovadas características gráficas pero siempre fiel al espíritu inicial de su empresa.
En un viejo folleto de presentación de la colección El pasado argentino decía Weinberg a modo de declaración de principios: “Esta biblioteca fue concebida con un propósito tan simple como elevado: brindar –a través de obras de géneros diversos, épocas distintas, y autores muchas veces de ideas encontradas un panorama completo de todas las dimensiones del pasado, subrayando la importancia de ciertos temas o la vigencia de determinados nombres, más rescatando a otros del olvido, para dar así una enriquecida imagen de la patria vieja y la Argentina nueva (…) Aspiramos a que los libros de tapas azules y blancas que por decenas de miles están incorporados a los hogares de pobladores urbanos y rurales, y por centenares alegran los anaqueles de bibliotecas y librerías sea sustancialmente un elemento para formar e informar las pasadas y las nuevas generaciones en el entrañable conocimiento de la Argentina.” En el mismo camino trazado por Ingenieros y Rojas y continuado por Palcos y Noé, don Gregorio Weinberg dejó un surco imborrable que le agradecen y le agradecerán sus paisanos por generaciones.
Alberto Casares
LA NACIÓN, 30 de mayo de 2006.
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